Todo empezó por un «hija, ¿te apetece que vayamos al Palmar?» y, bueno, una cosa llevó a la otra y al final, como siempre, acabamos picando. Mi padre había hecho una reserva sin que lo supiéramos, «una sorpresa para sus chicas», como nos explicó, encargando por ello un arroz del senyoret de estos que aparecen…