Con periodismo acabado y por fin graduada, me dispongo a celebrar un verano por todo lo alto pero sin rimbombancias, es decir, súper casero, que era lo que más me apetecía en este mundo.
Junio fue una locura por los exámenes, y luego en julio estuve trabajando como auxiliar administrativa, así que este mes, agosto, está siendo la auténtica recompensa a un año diferente, ni más ni menos que 2020, sinceramente y desde mi perspectiva.
Ahora en septiembre empiezo el último curso en la uni, la verdad es que me tiene inquieta y emocionada a partes iguales, es una sensación extraña el hecho de darse cuenta cómo uno va acercándose al fin de su etapa académica para zambullirse en el terreno más profesional, pero la verdad es que con miedo se anda muy poquito, despacio y, en ocasiones, incluso, queremos darnos la vuelta y escondernos bajo las sábanas, pero eso no pasará.
Tengo la cabeza en las nubes y los pies en la tierra: es decir, tengo unos cuantos proyectos para llevar a cabo este curso y veo muy probable el hecho de alcanzar las metas propuestas para el 2022, al menos, las básicas, porque ya tengo algunos objetivos a los que llevo tiempo echándoles el ojo y con muchas ganas de tacharlos de la lista.
Sin más dilación, ¡nos vemos! Y, ¡buen provecho!