Clotxina y mejillón no es para nada lo mismo, aunque muchas veces haya confusión y se pidan mejillones deseando clotxinas y viceversa. Cuando los meses del año pierden su erre, las clotxinas alcanzan su esplendor. Única en el mundo, la valenciana es un símbolo de nuestra Comunidad, con una carne más blanquita y chiquitina que el mejillón convencional.
En cuanto a sus propiedades, contienen una larga lista de vitaminas, calcio, hierro, potasio, fósforo, magnesio y Omega 3, además de que suponen un porcentaje muy bajo de calorías.
¿Dónde se crían? Las bateas, las cuales podrían considerarse “islas flotantes”, están cerca del puerto de Valencia. En esas vigas se colocan unas vendas de algodón a las que se pegan estos deliciosos moluscos para su crecimiento de manera sana y sostenible.

Una vez listas para el consumo, se recolectan, se limpian y se guardan en mallas para distribuirlas a los mercados. Este tesoro del Mediterráneo es, sin embargo un desconocido para muchos, por lo que es necesario reivindicar su nombre y no caer en el error de confundirlas con sus primos del norte. Sobre el sabor de la clotxina, el de esta es mucho más intenso al paladar.
Un factor que hace que la gente opte por comprar antes el mejillón es la cuestión económica. El mejillón es mucho más accesible a todos los bolsillos y dada su extensiva crianza en el Océano Atlántico, sus precios son bajos, a diferencia que lo que ocurre con la clotxina que, puesto que su lugar de cultivo es más reducido, el Golfo de Valencia, los precios suben como la espuma en comparación.
Una curiosidad sobre esta delicatessen es que, además, las clotxinas valencianas reciben el reconocimiento de “Marca de Calidad“, cuyo origen se remonta a 2007, fomentada y creada gracias a la Consellería de Agricultura, Pesca, Alimentación y Agua.

Existen muchas maneras de cocinarlas, puedes prepararlas de igual manera que un mejillón gallego, si así lo consideras. ¡Un diente de ajo o un toque de guindilla les dan mucha vidilla!