Tengo muchas cosas que contaros… Ha pasado mucho, pero mucho, mucho… Comenzaré remontándome al fin de semana de antes de la declaración del Estado de Alarma, cuando fui a una fiesta en Palau Alameda organizada por mi amigo de Instagram, Just For Foodies, quien organizó una reunión de foodies increíble con un montón de aperitivos y comida y con los dulces de Pepina Pastel, caprichos que parecen haber sido creado por y para dioses.

La semana comenzaba tranquila, pero ya, ese mismo jueves todos teníamos nuestras dudas. El viernes había quedado para cenar con mis mejores amigas y, claro, tuvimos que dejarlo de lado y posponerlo sin establecer una fecha clara en el tiempo, esperando que esto acabara cuanto antes, pero siendo conscientes de la que se nos venía encima.
La cuarentena es larga, a veces tediosa… de hecho, la situación ha hecho que se sobrepasen los cuarenta días, pero cocinando y charlando con mis padres todo pasa más rápido. Aprecio cada momento que disfruto con ellos y recuerdo a mis amigos con mucho cariño, pienso en ellos y en la próxima vez que nos veremos… Bueno, como todos, supongo.
Si leísteis el artículo que me publicaron en el blog de la universidad, lo más bonito de esta cuarentena fue ser testigo de un cartel que hizo que se me saltaran las lágrimas: un niño había nacido en el edificio de enfrente, demostrando que la vida siempre sale adelante y que la esperanza es lo último que debemos perder, que siempre tenemos que tener la mirada puesta hacia un futuro mejor.
Os deseo lo mejor, un abrazo muy fuerte,
Cris.