Después de unos días de relax y retiro (casi espiritual) en Toledo, decidimos recorrernos todo el casco histórico de su ciudad y adentrarnos en sus mezquitas y sinagogas, haciendo fotos como japoneses, poniéndonos las botas como buenos mediterráneos y brindando como alemanes en octubre.
Al lado del ayuntamiento preguntamos a un señor por un sitio para comer y nos recomendó el Restaurante Gallego, marisquería donde sirven platos de toda la vida, de los que preparan nuestras madres y abuelas. Fue todo un acierto, calidad precio… INSUPERABLE y servicio rapidísimo.
Comimos de primero tres maravillosos arroces de marisco, con gran cantidad de gambas y un sabor que parecía recién sacado de las bravías aguas.

Continuamos la comilona con un suculento entrecôte de ternera con guarnición, así como una abundante ensalada mixta de la cual podría decirse de esta que era toda una montaña de tomate, brotes frescos, espárragos y bonito.

Para poner fin a los platos principales, un gran e infalible clásico: huevos fritos con patatas (los de toda la vida y los que mejor saben).

De postre elegimos tarta de queso, una soberbia copa de yogur con melocotón y base de frutos del bosque (para mí, la mejor de las tres opciones) y natillas de la casa, donde no podría faltar una buena galleta María.

Precio: 16 euros menú completo de fin de semana. El menú incluye una botella de vino, otra de casera, otra de agua, pan y café.
Ubicación: Calle Cadenas, 2, Toledo