Buscando rebollones

El otoño es sin lugar a dudas mi estación preferida y octubre uno de los meses que más me gustan del año. Octubre huele a campo llovido, sabe a rebollones, suena como una melodía de jazz suave, como las que interpretaban en su día Coltrane o Miles Davis. Es el hermano mayor del verano y el pequeño del invierno. Es otro ritmo y un millón de historias envueltas por la hojarasca.

Esta es la mejor estación para madrugar y salir al monte para buscar níscalos. Es necesario ir con ropa de abrigo, zapatillas cómodas y un buen almuerzo en la mochila, no hace falta decir que uno camina bastante realizando esta gratificante actividad.

Auténticas divinidades

En mi casa solemos limitarnos a los rebollones de toda la vida, conocidos en la Comunidad Valenciana y Cataluña como esclata-sangs, hongo delicioso de estructura granulosa y color anaranjado, normalmente encontrado bajo los pinos.

Este es un alimento muy ligera y sobre sus propiedades nutricionales, destacar que contienen altos índices de hierro y potasio, así como 1,6 gramos de proteínas por cada cien gramos, lo que equivaldrían a 23,80 kcal. Incluyen diferentes tipos de vitaminas, como la B3, la A, la C y la B4.

Una vez en casa, prepararlos es otro paso igualmente entretenido. Hay que lavarlos bien y con cuidado, puesto que además de la tierra restante, muchos tienen parásitos que fastidian el rebollón entero y hay que tirarlo. A mí me encantan hacerlos con patatas en caldo.

Como podéis ver, esta no es una afición que haya adoptado hace poco tiempo, siempre he amado envolverme de naturaleza y disfrutar de lo que me rodea.

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